Verano TEA-planificado

El periodo de vacaciones estival es un tiempo al que le tengo mucho respeto. Supongo que os resultará extraño este calificativo para una época del año donde las palabras descanso, desconexión, relax y otras similares son de las más utilizadas. En mi caso y en el de muchas familias con situación similar a la mía, suele ser sinónimo de más estrés. Pero este año no me ha cogido el toro. Este ha sido un Verano TEA-planificado.

¿Y qué significa este término que me he inventado? Para poderos contestar a la pregunta, primero os hablaré del verano pasado, en concreto de agosto 2016, un mes donde la tensión y la desesperación me arrebataron y acabé diciendo: “no puedo más”.

Una vez ha finalizado el colegio a final de junio, los niños empiezan el casal donde disfrutan de actividades y excursiones hasta final de julio. El mes de agosto son días para disfrutar con sus papás como cualquier otra familia. Este es un mes donde las programaciones son menos estrictas y los planes muy flexibles, a conveniencia del estado de ánimo que se tenga ese día.

De mi niñez recuerdo agosto como un mes de desintoxicación de horarios y reducción de obligaciones. Un tiempo donde dormía más que nunca, comía y cenaba tarde, improvisaba planes en el día y las horas pasaban con deseada pereza. En otras palabras, tenía poca estructura y casi nada de planificación. Todo era flexible e improvisado en la mayoría de ocasiones.

Este planteamiento de verano no lo puedo reproducir con mis hijos. Dídac y Olivia necesitan tener una estructura marcada para mantener un equilibrio porque les da seguridad. En relación a las horas nocturnas de descanso, no es tanto el caso de Olivia, pero Dídac duerme las mismas horas y de la misma forma, es decir, pocas y con varios despertares trasnochadores, independientemente de la época del año, por lo que en verano, ni aumenta ni mejora su sueño. Por otro lado, la ausencia de plan es para Dídac un caos, le causa ansiedad no saber qué vamos a hacer o dónde vamos a ir. Se pone nervioso, “atraca” la nevera, se altera y se mueve por toda la casa saltando y dando gritos. Su descontrol afecta al estado de ánimo de los que están a su alrededor, dando lugar a un malestar generalizado que fácilmente se traduce en gritos y broncas que incluso abarcan las nimiedades. Olivia también necesita saber el plan del día, so riesgo de “martillearme” la cabeza preguntando, una y otra vez, dónde vamos por la mañana y dónde por la tarde.

El verano pasado me fue imposible organizar las vacaciones con un alto grado de pormenorización de actividades. Una intervención hospitalaria a mi marido a final de agosto y la certeza de que la empresa para la que trabajaba cerraba definitivamente en septiembre me desestabilizó. Afortunadamente la operación fue bien y, finalmente, me quedé sin trabajo, pero el sol siguió saliendo al día siguiente. Hizo falta superar estos dos críticos acontecimientos para sobreponerme, pero ya era tarde para cambiar el pasado, para cambiar un verano desorganizado donde el lema había sido: “sálvese quien pueda”.

Aún habiendo transcurrido un año, el verano anterior seguía siendo reciente y quise asegurarme de que el presente fuera totalmente diferente. Porque sucesos ajenos a mi voluntad pueden aparecer, sin previo aviso, causando desajustes emocionales que desestabilicen alguno de los pilares de mi vida. Pero todo es llevadero cuando el resto de la estructura está firme y evita que me desmorone. En otras palabras y siendo menos misteriosa, decidí tener bien planificado el verano con los niños para poder actuar sin pensar en el caso de que las ganas me decayeran debido a una recaída en la delicada salud de mi marido y/o me diera por analizar mi incertidumbre laboral, como así ha sucedido.

Así es como nace la locución “Verano TEA-planificado”. Primero busqué en Internet todo tipo de actividades para realizar con los niños en Barcelona y que no estuvieran cerrados por vacaciones. Busqué piscinas municipales con algún tipo de atractivo (tobogán, canoa..) por las poblaciones adyacentes a la nuestra. Compré materiales para realizar manualidades en casa. Anoté los estrenos de nuevas películas infantiles. Con toda esta información, más las mañanas o tardes en la piscina de nuestra localidad o, la playa, monté un calendario de cinco semanas, de lunes a domingo, de mañana y tarde y fui distribuyendo todas las actividades para hacer y lugares para ir.

De esta manera, todo estaba pre-establecido. Cada día le montaba a Dídac en su horario visual el plan del día y él lo miraba con interés y podía apreciar cómo esa anticipación le afectaba positivamente en la actitud que mostraba. A veces incluso me cambiaba el pictograma, porque a él le apetecía repetir el plan del día anterior donde había disfrutado tanto, con lo que ese momento se convertía en un momento de “diálogo” entre él y yo. Con Olivia iba incluso mejor porque, el día anterior o incluso con dos días de antelación, mostraba interés en saber qué íbamos a hacer, siendo imprescindible tener donde buscar la respuesta (en el calendario)  para evitar decir “no lo sé” y encontrarme con un, “pues, piensa”, tajante, que me descolocaba por parecer venir de una impertinente mocosa malcriada por su madre en lugar de por mi adorable, encantadora, tierna y dulce hija.

La búsqueda de información y la distribución fue lo más pesado de hacer, pero una vez hecho, el descanso que supone tenerlo todo planificado es muy gratificante. Todo escrito a lápiz por si decidimos intercambiar los planes de un día a otro. Lo bueno de tener un programa es que siempre se puede cambiar, a conveniencia, y lo que tenía pensado para mañana, lo traslado a pasado mañana y viceversa. Bien puede ser porque anuncian lluvias o porque vienen amigos a visitarnos o porque el plan pre-establecido, cuando llega el día, no apetece realizarlo. No pasa nada. Por un día que se improvisa, veintinueve que han estado decididos de antemano.

El resultado de tanto esfuerzo y planificación se llama tranquilidad. Nada que ver con lo vivido el año anterior.

Verano TEA-organizado
Verano TEA-organizado

Lo mejor de todo es que ya lo tengo hecho para el año que viene y solo tendré que actualizar cuatro cosas y listo para ser utilizado de nuevo. Este sistema es válido para cualquier familia, pero con personas afectadas de autismo es súper recomendable tenerlo presente. Os animo a realizar uno acorde a vuestra situación estival. ¡Arriba y vamos!

 

 

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