Los niños de colonias (II)

(Se recomienda leer primeramente Los niños de colonias (I))

La tarde del tercer día fuimos a recogerlos a la sede del casal, Club d’Esplai Diversitat Lúdica. A cada paso que daba, más nervios se me acumulaban por la incógnita de saber cómo se lo habían pasado. Al verlos, mi cara mostró felicidad. Los vi tan alegres que supuse que todo había ido estupendamente.

Olivia, corrió a enseñarnos el pan que habían amasado esa mañana antes de volver de la casa de colonias. Se lo había pasado muy bien, no cabía duda. Al preguntar por Dídac, la monitora cambió de cara. Mientras a ella se le iba la sonrisa, yo recibía una bofetada de realidad, de esas que no se ven venir. Si su cara era un poema, la mía era el cuadro de Guernica.

Un sinfín de situaciones, ninguna alegre por supuesto, que justificaran su cambio de semblante, me pasaron por la mente como fotogramas a alta velocidad. ¿Qué habría pasado?

—Dídac ha estado vomitando estos días —dijo Maribel, la monitora — y no porque se encontrara mal. Ahora tengo claro, Vero, que los vómitos del año pasado fueron producidos por la ansiedad que sufrió.

—¿Cómo? ¿Por qué? No puede ser —decía yo — ¿De verdad? ¿Seguro? Pero habrá devuelto una sola vez, ¿no?

Mi cabeza no quería aceptar que todo el trabajo que había realizado de planificación y anticipación, para evitarle precisamente ese mal trago, hubiera fallado.  Mi decepción me llevó a querer conocer el motivo del fracaso. Necesitaba saber por qué mi hijo había sufrido angustia a pesar de los medios que se habían puesto para evitarlo. Así que inicié un improvisado interrogatorio hacia las monitoras, al estilo metralleta.

—Pero, ¿le habéis enseñado la agenda visual? ¿Le habéis explicado con la agenda portátil lo que iba a pasar por la mañana y por la tarde? ¿Habéis leído las indicaciones que os dejé? ¿Habéis hecho todo lo que dije? —y a todo dijeron sí, sí, sí y sí.

Al preguntarles por cómo había pasado la noche, me dijeron que el primer día se durmió y se despertó tal como había predicho que sucedería, es decir, dos veces y actuaron según protocolo, perfecto. El segundo día, fue peor, se despabiló en cuatro ocasiones.

Viendo mi cara de desesperación, Maribel comentó con intención de animarme, que comparativamente entre este año y el anterior, 2017 había ido mucho mejor. En cuanto atardecía y Dídac veía que no llegaba ningún autobús a recogerlo, se le cerraba el estómago y comenzaban todos los males. Cogía su Tablet y escribía: quiero+ver+mamá. Una y otra vez. Ninguna agenda ni pictograma conseguía reducir la angustia de saber con certeza que esa noche no dormiría con mamá. Fue en ese momento cuando entendí que, a pesar de toda la programación, Dídac tiene un vínculo muy fuerte conmigo y se angustia si duerme fuera de casa y yo no lo acompaño. Estoy convencida de que entendió el planteamiento de tres días, de lo que haría en cada momento y con quién dormiría, pero una cosa es saberlo y otra vivirlo.

Pienso que todo el esfuerzo que hice preparando el material fue necesario para minimizar la ansiedad de desconocer lo que pasaría a continuación. Todo y así, para este año tengo un nuevo reto que trabajar. Si mi intención es que Dídac disfrute de las colonias como lo hizo Olivia, este año tendré que encontrar la forma de que Dídac duerma fuera de casa y yo no lo acompañe. Y ¿sabéis? Ya tengo alguna idea de cómo hacerlo 😉.

P.D. Maribel y Mariona son monitoras con gran experiencia y además conocen a Dídac desde hace años. Pido disculpas públicamente por poner en duda su buen hacer.

 

 

 

 

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