Escritura erótica

Ya sabéis que estoy escribiendo la segunda parte de La aventura de Nadia. En la primera, la protagonista cuenta con dieciocho años, pero en la continuación se acerca a los treinta. Debido a ello, he decidido incorporar en la historia algo de escritura erótica.

Creo que a la gran mayoría de lectores, incluida una servidora, nos gusta encontrar durante la lectura de una novela, escenas sutilmente picantes mezcladas con las descripciones de los hechos, los momentos de tensión y miedo o situaciones puramente románticas. Cuando se llega a esa parte, se lee con avidez y raro es el lector/lectora que decide saltársela o dejar de leer.

Estoy hablando de escritura erótica, que no pornográfica. Siempre me ha gustado más insinuar que mostrar. Lo digo porque en Raíces y alas, la descripción de un beso de tornillo es lo único subidito de tono que se puede encontrar. Cada lector decide lo que quiere leer entre líneas en relación a las posibles relaciones sexuales que mantienen los protagonistas. En esta primera entrega, la chica es pueril e ingenua, que no beata.

En la segunda parte se podrá encontrar picardía y erotismo, pero lectores/as, si imagináis un “cincuenta sombras”, con descripciones explícitas de sexo, ya podéis olvidaros. Leída una experiencia de tal calibre, leídas todas. De hecho, dicha saga no es erótica, es una novela romántica con escenas porno. Es más, como nos dijo la escritora y lingüista, Audrey Hawes, en su Taller de novela erótica al que asistí hace poco en Librup, no existe la novela pornográfica. Como mucho en este estilo podemos encontrar relatos cortos. Es comprensible dada la imposibilidad de escribir doscientas páginas solamente con escenas sexuales. Y, en el dudoso caso de conseguir describir con palabras el kamasutra al completo, recelo tanto de la credibilidad de los posibles participantes de esa maratón carnal, como de la existencia de una historia que transmitir, algo intrínseco en la definición de novela.

Taller escritura erótica - Librup
Taller escritura erótica – Librup

El Taller de novela erótica fue interesante y también divertido porque acudí con mis dos amigos escritores, Rocío Corrìàs y Jordi Hortelano. La ponente solicitó que llevásemos una prenda de nuestro armario ¿Qué llevo? Me dije. ¿Un abrigo? ¿Un sombrero? ¿Un pañuelo? Cada uno de ellos, dependiendo del uso que se le dé y del contexto, pueden ser muy sugerentes. Finalmente elegí un camisón con transparencias de plumeti verde, muy provocador.

Finalizada la teoría, nos agrupamos formando tríos para realizar la práctica. Mi salto de cama y unas cerezas que repartió Audrey fueron a parar a tres chicas jóvenes. Rocío, Jordi y yo tuvimos que agudizar el ingenio para crear una escena erótica con los elementos que nos fueron adjudicados: un pijama de felpa estampado con dibujos de ositos de peluche y unos paraguayos.

Comparativamente entre nosotros  tres y las jóvenes, ellas llevaban ventaja. Porque lograr crear un relato erótico con una prenda opaca, es decir, que tapa todos los motivos de deseo, holgada, es decir, que no se aprecian curvas y, por si fuera poco, con un estampado infantil, más acorde con la ternura que con la lujuria, era un reto. Todo y así, escribimos unas líneas y aquí os lo muestro. Os invito a que dejéis vuestros comentarios al respecto. Muchas gracias.

 

 

 

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