Muñeco de nieve ecológico

¡Aixxx! Qué ganas tenía de ponerme delante del teclado para explicaros el día de ayer. Este año decidimos apuntarnos a la excursión a La Molina que organizaba la Fundación Adapta2, de la que somos socios y nuestros dos hijos autistas participan de la natación adaptada cada sábado.

Nos montamos en el autocar y llegamos en un pis-pás, nada que ver con la experiencia de 2015, comentada en una pasada entrada titulada ¡La aventura te espera! Hacía un día buenísimo y excepcionalmente muy caluroso. Habíamos quedado con mi hermano Alfonso y mi cuñada Merce que estaban pasando el fin de semana en Alp, muy cerca de donde íbamos. Decidimos primeramente hacer un muñeco de nieve, pero antes debíamos acondicionar el atuendo de Dídac, porque venía en chándal y con zapatillas de deporte. ¡Ah! sabed que en el autocar habíamos dejado el carrito de la compra con tres mudas distintas de cada uno, por si acaso. La experiencia de hace dos años, donde acabamos con todas las mudas, era bagaje suficiente para ser igual de previsora este año.

Volviendo a Dídac y su vestimenta. En casa había intentado ponerle unas botas de montaña compradas para la ocasión. Los descansos ya lo habíamos descartado porque cubren el tobillo y parte de la pierna y no lo soporta, pero pensamos que unas chirucas (antes se llamaban así), que son un poco más altas que las deportivas, serían aceptadas… pues no. Me dijo tururut, mamá. Hala niño, ves como quieras y ya veremos al llegar a la nieve.

Con ayuda de mi hermano le pusimos un pantalón de esquiar con tirantes y las botas de montaña. Dídac se resistió y se quejó, pero acabó vestido. Uf, estaba sudando, pero…¡prueba superada! Venga, vamos a hacer el muñeco de nieve, dije. Me giré para coger de la mano a Dídac y lo vi intentándose quitar el pantalón. Mi_r_da. ¡Rápido! plan B antes de que acabe en calzoncillos y descalzo en la nieve. Había comprado un pantalón impermeable de lluvia para poner encima de un chándal por si acaso el mono de esquiar lo despreciaba, como había sido el caso. Como hacía calor,  le puse uno de pijama y encima el pantalón de lluvia ¿A ver?…Nos quedamos todos quietos, casi aguantando la respiración, esperando su reacción. Parecía que lo toleraba, perfecto. Cuestión zapatos: le dije seriamente: Dídac, hay que poner estas botas. Accedió. ¡Eureka! Venga, vamos a hacer el muñeco antes de que cambie de opinión.

Mientras acumulábamos nieve para el muñeco, le tiré un par de bolas a Dídac, para ver su reacción. Hace dos años le causaba repelús y comprobé que la sensación no había cambiado, se refugiaba detrás de mi cuñada Merce y ponía cara de asco, estaba muy gracioso. Os pongo el vídeo. Por cierto, sabed que es un muñeco de nieve ecológico: los ojos son patatas pintadas, la nariz, una zanahoria, y la boca, un pimiento rojo.

Decidimos comer en pistas y nos montamos en el teleférico. Olivia iba encantada, mirando hacia abajo sin miedo. Dídac, no, prefería mantenerse sentado, cerca del tío Alfonso y sin asomar la cabeza. Al llegar arriba nos encontramos al resto del grupo de la Fundación Adapta2 disfrutando del sol. A los esquiadores que se acercaban les ofrecían las sillas de ruedas en alquiler para bajar montaña abajo rodando. Estos se quedaban “pillados” con la propuesta y se alejaban simulando entender el chiste.  Nos hicimos una foto todos juntos y buscamos un sitio para comer unos bocadillos. Qué bueno sabe todo en la montaña, ¿verdad?

Foto familia en La Molina
La Molina- En pistas

 

Bajamos a pie de pistas y nos apuntamos al tubbing. ¿Ein, qué es eso? Diréis. Explicación: es un tobogán gigante por el que se baja dentro de un dónut gigante. Chulo, ¿eh? Olivia muy decidida dijo que se tiraba sola. ¿Quién se tira con Dídac? Yo no puedo, dijo su padre. Yo tampoco, dijo tío Alfonso. Yo me mareo, dijo tía Merce ¿quién queda?  Yo mismamente… Hala pues, vamos p’allá. Se sube la montaña en un arrastre tipo cinta del aeropuerto, muy práctico. Al llegar arriba, se camina quince metros arrastrando el dónut, te montas dentro y ¡waaaaaala! Si bajas sin dar vueltas, la experiencia es muy divertida. No fue nuestro caso. Ley de Murphy; Dídac y yo nos deslizamos montaña abajo a toda velocidad dando vueltas sobre nosotros mismos. Él encantado. Yo… yo mareada.

Las cuatro y media, el autobús nos recoge para volver a casa. Nos despedimos de mi hermano y cuñada y nos sentamos tranquilos en el autocar. Dídac iba dando saltitos de la emoción y Olivia iba explicando sus hazañas con la nieve.

Eso sí, esa noche dormimos todos de maravilla. El año que viene, ¡más!

 

 

 

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