Me llamo Olivia

La pequeña de la casa tiene cinco años en este momento y va a P-5, a la clase de las tortugas. Ella se siente mayor porque está en el último año de la etapa infantil de educación. Resulta muy gracioso oírla hablar de cuando era pequeña refiriéndose a cuando iba a P-3, como si cursar P-5 fuera ya ser adulta.

Olivia es una niña muy alegre, muy movida, muy cariñosa, muy curiosa y con una gran capacidad de imitación. En realidad, ha sido precisamente este último punto lo que ha hecho, por una parte, ayudarle a aprender cuando las explicaciones verbales se le escapaban a su entendimiento, y por otro lado, hacer pasar desapercibida su condición para quien no está versado en el TEA.

En general, Olivia es una niña que se relaciona con sus iguales, juega y le gusta formar parte del grupo. Suele llevar la iniciativa cuando se trata de juegos de movimiento, como el pilla-pilla, por la simplicidad de sus normas y porque implica correr y eso le va. En los juegos cooperativos, va más a remolque del resto.

Su dificultad más evidente se encuentra en el uso del lenguaje. Diréis que a su edad es normal que le cueste expresarse y de hecho en su clase hay más niños apurados en la expresión oral. No sé cuáles son las características de los otros niños, pero en Olivia, esta dificultad se traduce en, por ejemplo, componer la frase alterando el orden de los elementos, haciendo que esta suene extraña y no se acabe de entender. Incluso a veces omite palabras en la oración haciendo más difícil su comprensión y causando frustración, tanto suya como mía. En estos casos, tanteo diferentes temas, lugares, tiempos… “Juego” al descarte para averiguar algo que me dé una pista e intuir lo que quiere decir. Otras veces intercambia los verbos y confunde a su interlocutor o también es común que se líe con el uso de los pronombres.

Olivia dice: Corrección
la muñeca, ves tú, mamá, en el salón Ves a buscar tú la muñeca al salón, mamá.
Mamá tengo agua Mamá quiero agua
Una para yo y otra para ti Una para mí y otra para ti

 

Muchas veces, cuando le estoy explicando algo, me interrumpe para decirme: “¿qué has dicho?” Me ha oído perfectamente, pero se ha perdido en la comprensión. En estos casos le repito exactamente la misma frase y con ello le ayudo a acabarla de entender por sí misma. Si cambio la frase para explicárselo de otra forma, ella empieza de nuevo desde cero el proceso de comprensión.

Por otro lado, el uso de las imágenes es para ella un apoyo importante para entender mejor la expresión oral en ciertos momentos, e imprescindible para salir rápido y de forma tranquila en momentos de conflicto, sobre todo si se ha ofuscado. Las explicaciones con imágenes del problema y la solución propuesta por el adulto le ayudan a entender y superar mejor el momento de crisis. Además, cuando debe exponer algo, si tiene la estructura de frase en pictogramas, le da seguridad y es capaz de exponer las ideas de forma ordenada y comprensible y consecuentemente aumenta su autoestima.

Hace poco su profesora me comentó una anécdota ocurrida con Olivia. La profesora había explicado un cuento y pidió a los niños/as de la clase que hicieran un dibujo del cuento. Se fue paseando por cada niño/a haciéndole preguntas al respecto. Uno había dibujado a la princesa, otro el caballo, otro… Cuando le llegó el turno a Olivia, ella contestó que había dibujado a su amigo Juan (que lo tenía sentado al lado) y su familia. La profesora, sorprendida, le recordó que el dibujo era sobre el cuento y Olivia le dijo que ya lo había hecho, y señaló un cuadrado pintado de rojo en una esquina de la hoja. El cuento que había leído tenía las tapas rojas…. La interpretación de Olivia a las instrucciones de la profesora fueron literales; ella había dibujado el cuento. Son estos pequeños detalles los que te hacen ver que su percepción de la realidad es diferente.

El vídeo que veréis a continuación tiene esos matices sutiles. La primera parte, cuando ella está jugando delante de la lavadora y yo le pregunto quién es, estando ella y yo solas en la cocina, pensó que le estaba hablando a otra persona y no imaginó que pudiera ser a ella. Por eso se levanta y viene hacia mí, para mirar a través de la cámara y ver de quién se trata cuando no había más personas allí. Una vez entendió que era ella la que tenía que contestar, la grabación fue un éxito.

Luego veis un pequeño vídeo que está delante de un armario y pasa olímpicamente de mí. ¿Qué opináis?

Por último, he añadido la explicación que da ella a un pequeño dibujo. Va enlazando frases cortas y parece que todo tiene sentido si no fuera porque ella no toma zumos y porque no es posible hacer nieve. No sé deciros el motivo, lo dejo ahí para que “le deis una vuelta” si os apetece, porque a mí también me resulta, a veces, difícil discernir qué es lo que se le pasa por la cabecita.

 

5 thoughts on “Me llamo Olivia

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