La verdad del caso Hamelin

Hamelin se encontraba sellada por mandato real pues la peste se había instalado en ella y se propagaba como la pólvora. Al caminar por las calles adoquinadas, se veían casas tapiadas desde dentro para intentar evitar el avance de la muerte. El sanatorio improvisado en las dependencias eclesiásticas estaba cubierto de camillas con hombres y mujeres llenos de pústulas. En una de las paredes se había improvisado un macabro cómputo de defunciones diario y, viendo las marcas verticales en filas, siendo cada fila un día, visto a cierta distancia, se asemejaba a una escalera de ascenso sin fin.

Contaba el médico con varios discípulos que le ayudaban a cambiar los apósitos y a enfriar los cuerpos hervientes debido a las altas fiebres. Todos evitaban pensar en su suerte y rara vez se dirigían la palabra para no confraternizar demasiado y ser más fácil superar su muerte, si ésta les salía al paso.

A pesar del cansancio, dedicaban algo de tiempo al estudio de los cuerpos afectados y descubrieron que allí donde la pulga picaba era donde todo empezaba. Entre los estudiosos aprendices de medicina se contaba con un príncipe, un hijo de comerciante y un músico. El primero, altivo y atlético, el segundo, bien plantado y robusto y el último, raquítico. Claramente había cierta predilección por los dos primeros, tanto por su posición como por su predisposición. El músico hacía lo que podía pero su enclenque estructura impedía que ejerciera con destreza las labores de médico y enfermera que requería aquella situación de emergencia. Prefería amenizar la agonía reproduciendo melodías con el consecuente reproche de sus compañeros y superiores.

Vfg-Flautista de Hamelin
Flautista de Hamelin

Las investigaciones avanzaban y dieron con la causa de tan eficaz propagación. No bastaba con quemar las ropas infestadas, había que eliminar también el mecanismo de difusión que no era otro más que la rata común. Sabiendo la causa, sabiendo la solución, debía ser fácil la erradicación, pensó el rey, pero no halló la forma de aniquilar al roedor.

La población diezmaba a velocidad de vértigo y quiso la casualidad sorprender al músico cuando tocaba la flauta al salir del dispensario. Unas notas melódicas produjeron en varias ratas un efecto embriagador y le siguieron sin precaución. Dándose cuenta del poder que ejercía su música, las condujo afuera, y dejó que se despeñaran al hacerlas caer desde un acantilado. Llevó a cabo la misma acción cada noche y por fin se sintió útil, pero temió que le acusaran de brujería y lo mantuvo en secreto noche y día. En pocos días las muertes descendieron y todos agradecieron la intercesión divina pues no encontraron otra explicación ante la masiva huida.

Tus palabras

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s