Ten amigos para esto…

¿Sabéis una cosa? Cuando alguien me sorprende, me deja paralizada. No sé si os pasará a vosotros también, pero yo recibo el impacto y acto seguido detengo todos los músculos. En estos casos, el cerebro manda órdenes relámpago a todas mis extremidades para que estas interrumpan cualquier movimiento que estuvieran haciendo. Si estoy caminando, los pies se detienen. Si estoy escribiendo, los dedos dejan de deslizarse por el teclado. En todos los casos, la mente frena de golpe lo que estuviera discurriendo y centra todas las neuronas en lo que acaba de ver u oír o ambas acciones a la vez. Inmediatamente después el cuerpo reacciona y me hace abrir la boca al tiempo que las manos ascienden y la tapan en acto reflejo, para no mostrar los empastes o para que no me entren moscas, no estoy segura del motivo exacto.

No hace mucho, un amigo consiguió llevarme a este estado de semi-cataclismo. Suena exagerado el término, pero realmente así me sentí al acabar de ver un vídeo y un par de fotos que me acababa de enviar (lo tenéis más abajo). ¿Cómo podía haberlo llevado tan lejos, pero sobre todo, tan alto? Menuda ocurrencia la suya. El cerebro se puso a trabajar a marchas forzadas para digerir el repentino, inusual e inesperado nuevo input. Los sonidos medioambientales circundantes parecieron disminuir de decibelios y hasta lo que era urgente, no apremiaba tanto.

 ¿Queréis ver el vídeo? ¿Sí? Esperad, esperad un momento. Ahora le daréis al play, pero primero quisiera daros cuatro datos importantes para que podáis poneros en situación y lleguéis a la misma conclusión que yo: se ha pasado tres pueblos.

Conocí a este hombre hace casi veinte años, fue en la época donde había fijado mi residencia en Zaragoza. La colaboración habitual nos hizo intimar y surgió una bonita relación amistosa, repito, amistosa. Cuando tuve necesidad urgente de encontrar un piso donde vivir, fue él quien me localizó un céntrico y coqueto apartamento donde recogerme al final de la jornada. Su hija mayor lleva mi nombre, para más datos. En fin, posición top en calidad de amigo, ¿no creéis? Llegó el momento de abandonar tierras aragonesas y durante unos años estuvimos en silencio, que no olvidados. La llegada de Facebook a nuestras vidas hizo que retomáramos comunicación verbal continuada y parecía que no hubiéramos aletargado nunca el contacto. Luego llegó mi libro, Raíces y alas, y mostró interés, claro está. Tengo una publicación en Facebook que recoge los comentarios de los lectores, siendo requisito imprescindible acompañarlos con una foto de la persona con el libro en las manos. Pues bien, me dijo lo siguiente: Verónica, vas a flipar cuando te mande la foto… Y flipé no, lo siguiente, que ahora se dice así. Ten amigos para esto… 

Después de ver el vídeo, no queda mucho más que decir al respecto, ¿verdad? A mí me parece una pasada lo que ha hecho este hombre. Cargar  con el librito de marras a la espalda durante cuatro o cinco horas para subirlo a lo más alto, pues, qué queréis que os diga, me deja estupefacta. A partir de ahora, ya sabéis cuál es el kit de supervivencia en montaña: un bocata, agua, vendas y Raíces y alas.

Este post es mi homenaje hacia ti y tu hazaña, Carlos. 

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